Por: Luis Enrique López Carreón.

Dirigente del Movimiento Antorchista en Colima.

 Alguna vez oí decir que, nada que sea verdadero, sería siempre suficientemente teorizado, analizado o razonado, y yo comparto esta opinión. A esto me atengo, cuando intento hablar ahora, de un tema al que ya me he referido en otras ocasiones, pero cuya importancia, relevancia y actualidad, exige que se le trate y se le analice, – hasta donde la capacidad permita -, con nuevos enfoques y en cada oportunidad; me refiero a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sus orígenes, cambios de forma y su aplicación.

 Como ya se sabe -o cuando menos creo que se debería saber-, el 05 de febrero de 1917 fue promulgada la Constitución Política que actualmente nos rige a todos los mexicanos, tocando a Venustiano Carranza ser el Presidente constitucionalista. Y dígase lo que se diga, este documento fue el fruto del sacrificio de los miles de muertos en batalla, que aportó el pueblo mexicano en los movimientos revolucionarios, anteriores y posteriores a 1910.

 En justicia a todos los hombres y mujeres que ayudaron a forjar nuestra patria actual, no es honesto hablar de nuestra Constitución sin referirse, aunque sea sintéticamente, a sus antecedentes, documentos que también en su momento simbolizaron cada etapa del desarrollo histórico de la lucha de clases en el México antiguo. Los antecedentes más remotos a que me refiero, los encontramos en el Acta Constitutiva de la Federación, la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos de 1824, las Siete Leyes Constitucionales de 1836, las Bases Orgánicas de la República Mexicana de 1843, el Acta Constitutiva y de Reformas de 1847 y la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857, que como ya dije, representan cada uno, como la actual Constitución, todo un cúmulo de acontecimientos bélicos, donde en el fondo de los conflictos, se enfrentaban las dos clases sociales que al mismo tiempo mantenía unidas la producción capitalista: los trabajadores y los dueños de los medios de producción.

 Y con todo esto, ¿qué ha pasado con la Constitución y todos los sacrificios del pueblo que significaron sus antecedentes, en estos últimos 101 años? Lo mismo, dominación de unos y sometimiento de otros, porque nada escapa a la lucha de clases, nada; por eso, hoy vemos a la Constitución, convertida en garrote, en manos de una clase dominante, golpeado, hiriendo y lastimando a la clase dominada, a la clase trabajadora, a los mexicanos más pobres. Urge por esto, rescatar a la Constitución, se lo debemos a los constituyentes.

 Y ¿qué decir de las reformas a nuestra Carta Magna? En primer lugar, hay que recordar que las distintas reformas que en el pasado, se promovieron a la Constitución, fueron pensadas para mantenerla vigente de acuerdo a los cambios sociales y económicos en México y el mundo, buscando de esta manera garantizar la inclusión de todos los ciudadanos; tales fueron, como la reforma hecha en 1953, que otorgó el derecho al voto a las mujeres. Pero, en segundo lugar, es necesario aclarar, que de esta preocupación por la vigencia, ya nada tienen o casi nada, las modernas reformas que se le están haciendo a nuestra Constitución.

 Vemos unos datos. Según información aparecida el 10 de febrero de 2017 en el Periódico digital “EL ECONOMISTA”, atribuida al periodista Ruy Alonso Rebolledo, se dice ahí lo siguiente: “Es con la entrada de Miguel de la Madrid (1982-1988) que se desata un proceso reformativo en la Constitución y que coincide con el cambio en la política económica al transitar de lleno al neoliberalismo, teniendo como primordial característica el impulso de la economía de libre mercado.” He aquí, dicho acertadamente por EL ECONOMISTA, justamente lo que yo sostengo en relación a las modernas reformas a la Constitución: las reformas son el neoliberalismo; es decir, facilitar la economía de libre mercado, o sea, más riqueza para los ricos y más pobreza para lo pobres. No hay de otra.

 El mismo diario citado, nos dice que los 19 Presidentes que han regido este país han hecho cambios a la Constitución, pero que fue después de 1982 cuando se realizaron la mayor cantidad de ellos. En los últimos 35 años se hicieron 486 modificaciones, a diferencia de las 213 que se hicieron bajo el mandato de 13 Presidentes en el periodo que comprende de 1921 a 1982. Que el mayor número de cambios se han realizado durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) y lo que va del gobierno de Enrique Peña Nieto, con 257 modificaciones en 10 años. Que de los 136 artículos contenidos en el texto original de 1917, sólo 22 se mantienen intactos. Y que en total se han realizado 229 decretos de reformas a la Constitución para un total de 699 cambios. ¿Qué dirían de todo esto los constituyentes de 1917? Sinceramente digo que muchos de ellos, se volverían a morir tan solo de tristeza y frustración.

 Finalmente quiero terminar con una cita magistral del Ingeniero Aquiles Córdova Morán, Dirigente Nacional del Movimiento Antorchista. La traigo aquí porque siento que refleja, lo que, a todos los mexicanos trabajadores, hijos del pueblo, nos gustaría que fuera, para todos, la Constitución Mexicana: “…no es necesaria una nueva revolución armada y el Movimiento Antorchista no le apuesta a tal revolución ni ahora ni nunca; basta y sobra con que se cumpla cabalmente con la Constitución General de la República. Esta, nuestra Carta Magna, fue pensada y redactada para cumplir con las dos funciones básicas de toda Constitución, tal como las definiera Mariano Otero, quizá el teórico más fino y avanzado del liberalismo mexicano del Siglo XIX: “garantizar la unidad nacional y permitir y promover el desarrollo y progreso de la sociedad en su conjunto, y no sólo el de los grupos privilegiados. Para lo primero, es vital respetar, proteger y permitir el ejercicio de las garantías básicas de libertad, igualdad, seguridad y respeto a la propiedad; para lo segundo, deben hacerse realidad derechos tales como empleo para todos, salarios dignos, educación, vivienda, servicios, energía, descanso y un ambiente limpio. Pero en el México de hoy, hay suficientes elementos para afirmar que no se cumple ni lo uno ni lo otro.” (Buzos de la Noticia, No. 632 p.36, 3 de nov. 2014). ¡Mexicanos, rescatemos la Constitución! Ya está cerca el momento de la unidad nacional y el progreso de todos, porque la organización del pueblo es la solución. Adelante.