Por: Alfonso Durán Hernández
A los caídos el 2 de Octubre de 1968.
In memoriam
Los meses de julio, agosto, septiembre y principios de octubre de 1968, contemplaron un movimiento estudiantil como nunca se había llevado a cabo en México hasta ese momento. Esta movilización social tuvo su detonante en un hecho aparentemente sin importancia y que de cierta manera era común en la capital de la república en esos años: Los días 22 y 23 de julio los alumnos de las Escuelas Vocacionales (bachillerato) 2 y 5 dependientes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) se enfrentaron en una riña callejera sin sentido con los estudiantes de la Escuela Preparatoria Particular “Isaac Ochoterena”. Esta pelea, hoy lo sabemos, fue azuzada por pandilleros integrantes de Los Araños y Los Ciudadelos comandados por los porros Alfonso Torres Saavedra, El Johnny, y Sergio Romero, El Fish.
Igualmente hoy sabemos según los archivos de la antigua Dirección Federal de Seguridad (Fichas DFS 26-02-68 L54 H316-318) que desde 1967 la función de El Fish “era mantener un sistema de información sobre lo que acontecía en los medios universitarios”. Más tarde comenzó a trabajar como secretario particular del Sr. Alberto Lanz, jefe de la Oficina de Prensa y Publicidad del Departamento del Distrito Federal (DDF), aunque en realidad dependía del teniente coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector de Servicios Generales. Es decir era agente provocador al servicio del DDF.
La represión hacia los rijosos fue desproporcionada y con uso más que excesivo de fuerza: 200 granaderos reforzados por miembros del 19 batallón de esa misma agrupación, bajo el mando del capitán Manuel Robles más 25 hombres del área de “servicios especiales” –es decir golpeadores encubiertos– del DDF , encabezada por el mayor Celso Piña Zúñiga, arremetieron con golpes y macanazos contra los estudiantes lanzando, además, bombas de gas lacrimógeno contra las escuelas vocacionales mismas que a continuación fueron allanadas por los policías para seguir golpeando a estudiantes, profesores y empleados en su interior.
Tres días más tarde, el 26 de julio, tuvieron lugar dos movilizaciones, una de ellas en protesta por el allanamiento policiaco a las escuelas del IPN y otra para conmemorar el 15 aniversario de la Revolución Cubana. Nuevamente los granaderos realizaron una desmedida represión provocando el incremento del conflicto y los enfrentamientos entre estudiantes y granaderos y policías.
La culminación de esta primera fase del enfrentamiento tuvo lugar la tarde y noche del 29 de julio y la madrugada del 30. El día 29, el centro histórico fue escenario de enfrentamiento entre los estudiantes ya no solo con las fuerzas de seguridad del DDF sino directamente con el ejército. Hubo quema de camiones, barricadas, enfrentamientos con gases lacrimógenos y bombas molotov.
La madrugada del día 30, el ejército, al mando de los generales José Hernández Toledo, Crisóstomo Pineda y Mario Ballesteros, a bayoneta calada entraron al barrio estudiantil de la Ciudad de México utilizando tanques con cañones de 101 milímetros, ametralladoras calibre 50, bazucas lanza granadas y perros entrenados, además de sus otras armas reglamentarias. Persiguieron a los estudiantes hacia sus escuelas, (Vocacionales 1, 3 y 5 del IPN y colegio de San Ildefonso sede de la Preparatoria 1 de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM) deteniendo a 1000 estudiantes.
En el colegio de San Ildefonso – antiguo colegio jesuita colonial y sede de la Escuela Nacional Preparatoria– los estudiantes se refugiaron; pero el ejército mediante un bazucazo destruyó la puerta de madera labrada que databa del siglo XVIII, penetrando al recinto universitario. A pesar de existir las evidencias fotográficas y testimoniales de este hecho, el Secretario de la Defensa Nacional, Marcelino García Barragán, negó ante la prensa esta acción de las fuerzas armadas.
La represión, lejos de parar el conflicto lo incrementó, así fue que el 2 de agosto se constituyó el Consejo Nacional de Huelga (CNH) que llegaría a integrar a los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Politécnico Nacional (IPN), de la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, del Colegio de México, de las Escuelas Normales Rurales y de los Centros Regionales de Educación Normal; igualmente incluía a los alumnos de la Universidad Iberoamericana, el Colegio Lasalle y la absoluta mayoría de las Universidades públicas estatales. Instituciones todas estas que entraron en paro de labores indefinido y movimiento constante: Marchas, manifestaciones, asambleas, pintas, volanteo, etc.
Caso especial fue el de la Universidad de Guadalajara en la que un férreo control represivo ejercido por la Federación de Estudiantes de Guadalajara, bajo la directriz encubierta de Carlos Ramírez Ladewig, impidió la participación de los miembros de la comunidad universitaria en este movimiento estudiantil.
Durante los meses de agosto y septiembre el movimiento se incrementó abarcando prácticamente todo el país, aunque su centro neurálgico fue la UNAM y el IPN de la ciudad de México. Igualmente cambió su naturaleza incorporando demandas más generales de la sociedad mexicana.
Los hechos más sobresalientes de estas jornadas de movilización social en los meses mencionados fueron las siguientes:
El 4 de agosto el CNH planteo el pliego de demandas de los 6 puntos: 1.-Libertad a los presos políticos. 2.-Derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal. Relativos al delito de “Disolución Social”. 3.-Desaparición del Cuerpo de Granaderos 4.-Destitución de los jefes policíacos participantes en la represión.5.-Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.6.-Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
El 27 de agosto se realiza una multitudinaria manifestación de estudiantes, maestros, padres de familia y ciudadanía en general que marcha desde el Museo Nacional de Antropología e Historia (MNAH) hasta el Zócalo capitalino. Sitio que había estado vedado de manera absoluta a los opositores al régimen.
El 28 de agosto por la madrugada, habiendo dejado los manifestantes una guardia en la Plaza de la Constitución, los granaderos y fuerzas armadas, de la misma manera que el 29 y 30 de julio y usando las mismas armas, desalojó con lujo de violencia a los estudiantes y profesores que habían permanecido en la plaza.
El 13 de septiembre se realiza la “Marcha del Silencio”, donde con pañuelos en la boca los universitarios, politécnicos, normalistas –alumnos y maestros — marcharon en completo silencio del MNAH al Zócalo en un número mayor al del 27 de agosto.
El 18 de septiembre las fuerzas armadas toman por asalto Ciudad Universitaria (UNAM) y las Unidades del Casco de Santo Tomás, Zacatenco y Nonoalco Tlatelolco del IPN. Los enfrentamientos realizados en este operativo represivo, particularmente con los politécnicos que eran los más aguerridos, fueron bastante cruentos con cientos de detenidos y heridos.
Sin duda la fecha más trágica de este movimiento lo constituyó el 2 de octubre. En un mitin al que había convocado el CNH en la Unidad Habitacional Tlatelolco, frente a la Plaza de las Tres Culturas, el Batallón Olimpia del ejército mexicano y miembros del Estado Mayor Presidencial tendieron una celada a los manifestantes y los masacraron en un fuego cruzado.
El testimonio/confesión de Marcelino García Barragán, Secretario de la Defensa Nacional en ese tiempo, es inequívoco en este sentido: “Entre 7 y 8 de la noche el General Crisóforo Mazón Pineda me pidió autorización para registrar los departamentos, desde donde todavía los francotiradores hacían fuego a las tropas. Se le autorizó el cateo. Habían trascurrido unos 15 minutos cuando recibí una llamada telefónica del General Oropeza ,jefe del Estado Mayor Presidencial, quien me dijo: Mi general, yo establecí oficiales armados con metralletas para que dispararan contra los estudiantes, todos alcanzaron a salir de donde estaban, solo quedan dos que no pudieron hacerlo, están vestidos de paisanos, temo por sus vidas. ¿No quiere usted ordenar que se les respete? Le contesté que, en esos momentos, le ordenaría al General Mazón, cosa que hice inmediatamente. Pasaría 10 minutos cuando me informó el general Mazón que ya tenía en su poder a uno de los oficiales del Estado Mayor ; y que al interrogarlo le contestó el citado oficial que tenía órdenes él y su compañero del Jefe del estado Mayor Presidencial de disparar contra la multitud. Momentos se presentó el otro oficial, quien manifestó tener iguales instrucciones.”
El Gobierno Mexicano acusó a los estudiantes de haber disparado contra miembros del ejército y estudiantes, cuando era del conocimiento de las más altas autoridades del país que eran ellos mismos los responsables: El Presidente de la República, el Jefe del Estado Mayor Presidencial, el Secretario de la Defensa Nacional y el Secretario de Gobernación.
En este mismo sentido casi toda la prensa escrita, televisiva y radiofónica de la época –a pesar de los múltiples testimonios de reporteros internacionales acerca del origen y naturaleza de los disparos— hicieron eco a las calumnias y difamaciones hacia del movimiento estudiantil que emanaban de los más altos círculos del poder del Estado Mexicano.
Paralelamente a la represión generalizada del movimiento estudiantil en la ciudad de México, durante los años de 1968 y 1969, en todo el país, las fuerzas políticas y represivas del Estado mexicano persiguieron, encarcelaron y aun asesinaron a participantes y simpatizantes del movimiento. Casos notables fueron el cierre de 19 de las 36 Escuelas Normales Rurales del país y la represión que emprendieron el aparato burocrático de la Universidad de Guadalajara-Federación de Estudiantes de Guadalajara, protegidos por el gobierno federal y local, contra aquellos que reclamaban la democratización de su Alma Mater.
La represión al movimiento estudiantil y popular fue la confirmación a la juventud radicalizada de que los cauces democráticos en el país estaban cerrados y muchos de ellos tomaron la opción de las armas. Estudiantes de la Universidad de Guadalajara, del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, de la Universidad de Sinaloa y de las Escuelas Normales Rurales, principalmente se agruparon para organizar la guerrilla urbana, principalmente, aunque no de manera única, la Liga Comunista 23 de Septiembre.
El presidente de la república, Gustavo Díaz Ordaz y Bolaños Cacho, de manera calumniosa dijo en su quinto informe de gobierno el 1° de septiembre de 1969, en relación al movimiento estudiantil del año anterior:
“Sin bandera programática y con gran pobreza ideológica, por medio del desorden, la violencia, el rencor, el uso de símbolos alarmantes y la prédica de un voluntarismo aventurero, se trató de desquiciar a nuestra sociedad. Incitando al rechazo absoluto e irracional de todas las fórmulas de posible arreglo, a la negación sectaria y a la irritación subjetiva, se quiso crear la confusión para escindir al pueblo. Utilizando todos los medios de comunicación y recursos para envenenar corrientes de opinión generalmente sensatas, se intentó empujar a la nación a la anarquía.
Lejos de ceder a las presiones, cumplirnos la decisión que públicamente habíamos anunciado, de seguir en todo momento el camino institucional señalado por nuestras leyes.
La táctica de ir planteando situaciones ilegales cada vez de mayor gravedad, hasta la subversión públicamente confesada; así como las acciones deliberadamente tramadas, para ser al mismo tiempo provocación y emboscada para la fuerza pública, y una serie de actos de terrorismo, determinaron indispensable la intervención del ejército.
Por mi parte, asumo íntegramente la responsabilidad: personal, ética, social, jurídica, política e histórica, por las decisiones del gobierno del año pasado.”
Las cámaras de diputados y senadores en pleno, el gabinete presidencial, los altos mandos del ejército, los gobernadores de los estados, los miembros de la Suprema Corte de Justicia, los dirigentes de los partidos políticos, los grandes empresarios y las organizaciones sindicales progobiernistas, todos a uno, puestos de pie y durante largos minutos aplaudieron estas macabras palabras.
Los que no las pudieron escucharlas fueron los cientos de muertos del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas.