Por: Luis Enrique López Carreón.

Dirigente Antorchista en el estado de Colima.

 Hace tiempo, con motivo del reiterado tema de la violencia de género contra las mujeres, aparecido en los medios locales de Colima, me permití escribir un trabajo dedicado a este fenómeno; procuraba yo, con mi humilde opinión, tocar el tema desde un enfoque más profundo, – hasta donde pude -, buscando sacar el discusión, del simple carácter del género, y demostrar que la violencia contra la mujer, no es – ni ha sido -, más que la variación de un fenómeno histórico mucho más profundo y general, que tiene su origen en el nacimiento mismo de la lucha de clases sociales; es decir, en la violencia que ejerce una clase dominante, para poder explotar a una clase dominada.

 Confieso ahora, que para poder armar el razonamiento de entonces – y de ahora -, acerca de lo que ha significado para la historia el papel de la mujer, cuidando sobre todo el carácter esencialmente científico e histórico del mismo, tuve que acudir a los escritos, de uno de los grandes humanistas del siglo XVIII, me refiero a Federico Engels, un hombre que, como dijera el gran líder de la revolución rusa, Vladimir Ilich Lenin, “fue después de Marx, el más notable sabio y maestro del proletariado contemporáneo”. 

 La obra de Engels que me ha servido, a la que me refiero, se llama: “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, cuyo prefacio data del año 1881. En esta obra, Engels hace, lo que su entrañable amigo, Carlos Marx, fallecido en 1883 ya no alcanzó: exponer los resultados de las investigaciones del antropólogo y escritor estadounidense, Lewis H. Morgan, fallecido en 1881, y en cuya obra, “Anicient Society” descubrió de nuevo, y a su modo, la teoría materialista de la historia, descubierta por Marx y Engels cuarenta años antes. Pues bien, yo afirmo, sin temor a equivocarme, que no se puede encontrar en la historia reciente, más y mejor defensa de la mujer y sus derechos, con un fundamentos esencialmente científicos, como la que se hace en la obra de Engels “El origen de la familia”. Ojalá, amigas y compañeras lectoras, tengan ustedes la oportunidad y el tiempo de leer – y estudiar -, esta impresionante obra, hecha sin duda, como muchas, para engrandecer y profundizar el sentido humano y el instinto de clase de la humanidad.

 Pero, ¿qué nos dice Engels acerca del papel histórico de la mujer en su obra? Tratando de explicar el matriarcado en lo que él llamó “La familia sindiásmica” escribió: “Pero la economía doméstica comunista significa predominio de la mujer en la casa, lo mismo que el reconocimiento exclusivo de una madre propia, en la imposibilidad de conocer con certidumbre el verdadero padre, significa profunda estimación de las mujeres, es decir, de las madres. Una de las ideas más absurdas que nos ha transmitido la época de la ilustración del siglo XVIII es la opinión de que en el origen de la sociedad la mujer fue la esclava del hombre. Entre todos los salvajes y en todas las tribus que se encuentran en los estadios inferior, medio y, en parte hasta superior de la barbarie, la mujer no sólo es libre, sino que también está muy considerada.” Y en abono a su afirmación, cita como testigo, a Arthur Wright que fue durante muchos años, misionero entre las tribus de iroqueses-senecas, quien afirma lo siguiente: “[…] Las mujeres constituían una gran fuerza dentro de los clanes (gens), lo mismo que en todas partes. Llegado el caso, no vacilaban en destituir a un jefe y rebajarle a simple guerrero”. De este tamaño – digo yo -, era tal el poder y la consideración de la mujer en los pueblos de la antigüedad.

 Más adelante, Engels refiere que con la domesticación de animales y la cría de ganado, así como la aparición de la esclavitud, se dio un súbito incremento de la riqueza material de la sociedad antigua, ahora en manos de las familias con carácter monogámico; en la obra se dice: “Convertidas todas estas riquezas en propiedad privada de las familias, y aumentadas después rápidamente, asestan un duro golpe a la sociedad fundada en el matrimonio sindiásmico y en la gens basada en el matriarcado.” ¡Ojo!, aquí se dice ya, que el matriarcado fue también víctima mortal de la propiedad privada. Sigamos adelante “El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas de la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida.” Y hoy – digo yo -, en pleno siglo XXI, muchas mujeres podrían atestiguar sin faltar a la verdad, que esto, que se dijo en 1884, sigue siendo  totalmente cierto, como cierto es también el empoderamiento de la propiedad privada.

 Continuemos: “Los rasgos esenciales [del patriarcado] son la incorporación de los esclavos y la potestad paterna […]. En su origen, la palabra `familia´ no significaba el ideal, mezcla de sentimentalismos y de disensiones domésticas, del filisteo de nuestra época; al principio, entre los romanos, ni siquiera se aplica a la pareja conyugal y a sus hijos, sino tan sólo a los esclavos. `Famulus´ quiere decir esclavo doméstico, y familia es el conjunto de los esclavos pertenecientes a un mismo hombre.” Terminemos: “Esta forma de familia [la patriarcal, nacida con la propiedad privada] señala el tránsito del matrimonio sindiásmico a la monogamia. Para asegurar la fidelidad de la mujer y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, [es decir, la legitimidad de los herederos de la propiedad privada], aquella [es decir, la mujer] es entregada sin reservas al poder del hombre: cuando éste la mata, no hace más que ejercer su derecho.” Y no digo más. Pero estoy seguro que esto, y mucho más que el reducido espacio no me permite escribir, me sirve para intentar dimensionar, en su justo término, el verdadero y sacrificado papel que a la mujer le ha tocado vivir, como víctima del empoderamiento de la propiedad privada de los medios de producción. 

Sólo que ahora la mujer no es la única, ni la víctima más maltratada; la propiedad privada sigue imponiendo su ley hoy, sobre la sociedad moderna, como lo fue en la antigua. Sólo que ahora, revestida de un modelo de producción llamado neoliberalismo o de libre mercado, que se apodera de toda la estructura social, para estrujar hasta el agotamiento último, a toda la clase trabajadora, que es la clase productora de la riqueza social, igual o peor, como se hacía y se hace con la mujer desde la antigüedad. Por el bien de las Mujeres y de toda la humanidad, urge un cambio de modelo económico. Con esto, no sólo volverán a ser libres y consideradas como lo fueron en la antigüedad, también recuperaran el papel productivo y por tanto económico del que se les despojó.