Por: Aquiles Montaño

En este espacio he denunciado que el candidato a gobernador de Puebla por Morena, Miguel Barbosa Huerta, ha insistido en criminalizar la lucha del Movimiento Antorchista, lanzando a través de la prensa poblana acusaciones sin sustento para hacernos reos de delitos que no cometimos y desacreditar a los candidatos antorchistas que compiten por un cargo en las elecciones de este año en Puebla.

Lo verdaderamente preocupante en las funestas declaraciones del candidato de Morena a la gubernatura, es que su discurso de odio prepara el terreno para nuevos atentados políticos y hechos de sangre contra nuestros candidatos y simpatizantes. Pruebas al canto: apenas este 10 de mayo se cumplieron siete meses del cobarde y artero asesinato de nuestro querido Manuel Hernández Pasión, exalcalde de Huitzilan de Serdán y excepcional líder de miles de campesinos de la Sierra Nororiental de Puebla; como todo mundo sabe, en la planeación del crimen estuvo involucrado el cacique Alonso Aco Cortés, entonces precandidato de Morena a la gubernatura de Puebla, quien en enero de 2016 amenazó de muerte a Hernández Pasión a través de una nota de Martín Hernández Alcántara publicada en La Jornada de Oriente, ambos enemigos acérrimos del antorchismo poblano. Todos ellos, con rabia digna de mejor causa, fueron defendidos a ultranza por la dirigencia de Morena.

Nada de esto importa a Barbosa Huerta en sus ansias desquiciadas de ser gobernador, y vuelve a la carga con la vieja y gastada batería de mentiras. Así, el día 10 de mayo, durante un evento en Xicotepec, municipio de la Sierra Norte de Puebla, “calificó de lamentable que en esta región serrana, la organización de Antorcha Campesina utilice amenazas para intimidar a los participantes en la elección. [Además], hizo un llamado a los contendientes, a organizaciones y partidos políticos a no hacer apología del delito”. Ninguna de las notas que aparecieron en la prensa, y fueron bastantes, detalla cuáles son las amenazas de las que habla Barbosa y de dónde saca él que hacemos apología del delito. Se trata, pues, de calumnias tontas y simplonas, reflejo exacto de la cabeza que las trae encima. A falta de argumentos inteligentes para derrotar en buena lid las ideas y el trabajo del antorchismo en la Sierra Norte y estatal, la víscera y la estulticia suma como recurso único del candidato a gobernador por Morena. ¡La inteligencia brilla por su ausencia en el discurso del neomorenista!

Miguel Barbosa Huerta no atina, porque no los tiene, a dar ejemplos que sustenten sus dichos. ¿Cuáles amenazas? ¿Contra quiénes? ¿Contra cuántos? ¿En dónde están las denuncias? Nada de eso. Se trata de dar el golpe mediático y nada más; y la “prensa imparcial” se cuida muy bien de no pedir ninguno de estos datos al señor candidato: no sea que lo vayan a incomodar, como dijo López Obrador. Y, ¿cuál apología del delito? ¿De dónde concluye él que los antorchistas defendemos delincuentes? Una vez más, nada. Barbosa se pone a dar cátedra y “recomendaciones” a los demás partidos y organizaciones, sin pensar tantito en que debería dárselas a su candidato a presidente de la República. ¿No fue López Obrador quien planteó la tristemente célebre amnistía los delincuentes? ¿No fue López Obrador quien perdonó a los políticos corruptos (y aquí se incluye el propio Barbosa) que brincaron a Morena para salvarse del ostracismo político? ¿Y Eva Cadena en Veracruz? ¿Y el delegado morenista de Tláhuac en la Ciudad de México acusado de nexos con el narcotráfico? ¿Y el candidato morenista en Morelos detenido por nexos con el crimen organizado? ¿Y el candidato morenista de Reynosa ligado al Cártel del Golfo? ¿Y el candidato morenista de Yucatán detenido con 10 millones de pesos y un arma de fuego? ¿Y el morenista Alonso Aco Cortés, en la Sierra Nororiental de Puebla, acusado de planear el asesinato de Manuel Hernández? ¿Eso no es hacer apología del delito, señor Barbosa? ¡Muy bonita su banda de delincuentes! Ahora, dígame usted: ¿quién es el apologeta del delito?

Lo que verdaderamente le preocupa a Barbosa es que muchos de los candidatos de Morena en Puebla se están topando con pared frente al trabajo que despliegan los equipos de campaña de los candidatos antorchistas en el estado. Eso les complica asegurarse un lugar en el carro de la victoria, desde donde ya soñaban con sus nuevos escritorios, puestos y salarios. Ése es el fondo de los ataques. ¡Es urgente pararlos -vociferan-, a como dé lugar! Y no importa que se usen las mentiras más bajas y sucias para lograr este objetivo. Ante las ideas del antorchismo, que van ganando terreno entre la ciudadanía por su solidez intelectual y práctica, el insulto y la calumnia.

Pero, sinceramente, creo que Barbosa no tiene siquiera el mérito de la originalidad en su irracionalismo. Sólo es baba de perico y ariete de moda. Atrás de él se esconde, como manantial purulento, el interés de la fuerza política que lo respalda por hacerse del poder político de México a como dé lugar. Recordemos que, hace unos días, López Obrador llamó “cómplices de la corrupción” a todos los mexicanos que no votaremos por él: en su irrefrenable deseo de dominio, se lanzó contra poco más de 100 millones de mexicanos.

La doctrina de Morena de la supuesta superioridad (¿intelectual?, ¿práctica?, ¿de alguna cosa?) del lopezobradorismo sobre la política actual o sobre cualquier otra corriente política sólo tiene sustento en su irrefrenable deseo de dominio a ultranza de un país al que, ante los graves problemas que sufrimos, le recetan frases huecas y absurdas para curarlo. Como no tiene bases científicas, el lopezobradismo no admite ni soporta la crítica verdadera de sus adversarios políticos y rehúye el debate serio de las ideas con insultos, calumnias y adjetivos aprendidos mecánicamente. En las redes sociales, a los antorchistas nos tratan de mentadas de madre para arriba; en la prensa se nos calumnia y acusa sin fundamento. A las víctimas de sus injurias se les exige -con ofensas renovadas- que renuncien a pensar, a usar su intelecto en busca de la verdad y que acepten ciegamente la verdad de Andrés Manuel López Obrador, porque es la “salvación de México”. ¡Faltaba más!

 A quienes disienten, en consecuencia, se les tacha de ser un peligro para la paz social, de traidores, de cómplices de la “mafia del poder” (aunque esa mafia esté ya adentro de Morena). Los defensores más fanáticos dellopezobradorismo recargado se convierten en partidarios del irracionalismo, e insultan a la razón vociferando a los cuatro vientos: ¡Muera la crítica! ¡Muera la inteligencia!, del mismo modo y con igual enjundia que lo hizo ha muchos años el fascismo. La intolerancia sin el poder exige la renuncia a disentir; con el poder en las manos, la impondrá por la fuerza. Yo sólo hago un llamado a tiempo y advierto, como escribió Roque Dalton en sus Poemas clandestinos: “No olviden nunca que los menos fascistas de entre los fascistas también son fascistas”. Vale.