Por: Dra. Claudia Gamiño Estrada

El ocho de marzo no fue un día normal en la perla tapatía, se pintó de verde, de negro y morado, de pañuelos de ambos colores, de pintura en la cara, de rebeldía, sororidad y acompañamiento. No están solas; vivas se las llevaron, vivas las queremos; quiero que mi mamá acuda a mi titulación, que no me busque. La fuerza es la nueva belleza; ni calladita, ni bonita, ni tuya, ni de nadie; nos quitaron tanto que se nos quitó el miedo; somos el grito de las que ya no están. Imágenes de mujeres desaparecidas, ojos llorosos pero mirada firme y fuerte, con la consigna de no claudicar, de no rendirse, de seguir adelante y denunciar lo acontecido, buscar a las desaparecidas, encontrarlas viva como se las llevaron. Juntas libres y sin miedo. Si mañana falto yo, préstame tu voz. Frases, consignas que cobraron sentido en la manifestación del 8 de marzo en Guadalajara, todo el día hubo actividades, desde temprano las chicas comenzaron a organizarse, prepararon los pañuelos, los pintaron, las consignas fueron plasmadas en los pañuelos, en las cartulinas, en las mantas y en la cara.

Se respiraba un ambiente de amistad, de sororidad, de acompañamiento; se regaló comida, se compartieron experiencias, se denunció el abuso, el acoso y se acompañó a padres de familia a madres que denunciaban a sus, a nuestras desaparecidas. Distintas generaciones se reunieron, no para festejar, si para recordar, para denunciar, para alzar la voz por aquella que ya no están, para exigir que ya no pasé más, que termine la violencia machista, esa que se interioriza y se naturaliza. Se levantó la voz para que ya no suceda más, para que las mujeres no sean valientes sino libres al transitar las calles. Mientras caminábamos por la plaza observamos los tendederos en los que se denunciaba a los acosadores, alumnos, profesores de secundaria, de preparatoria, de las universidades, licenciados, maestros, doctores, todos ellos juntos en las denuncias de las mujeres en un día que es de ellas, de nosotras, de todas las mujeres.

El morado en la cara, la mano roja que cubre la boca, una boca de la que salen consignas y palabras de consuelo para la amiga, para aquella que no conocemos, pero que es mujer y desde su condición se estrecha la mano el abrazo, para cuidar a mis amigas. La marcha comenzó alrededor de las 6 de la tarde, los contingentes se fueron acomodando, se organizaron grupos para que cada grupo cuidara a sus amigas a “mis amigas”, no todas se conocían, no nos conocíamos, pero ahí comenzamos a hacer comunidad.

Cada grupo se fue incorporando lentamente a la marcha, mientras nosotras esperábamos que llegara el momento del grupo 19, se acercó a conversar con nosotras una señora, con un joven, tenían inquietudes y preguntaron, momentos antes habían estado a un costado de donde nosotras nos encontrábamos, fueron a observar lo que sucedía en la plaza universidad. Nos preguntaban el ¿por qué nos dividíamos? ¿por qué nos fragmentábamos, nos separábamos? ¿Qué sí iba a haber ruptura de vidrios? Le inquietó que respondiéramos que no sabíamos si se romperían vidrios o no, el joven de aproximadamente unos 23 años, esperaba que dijéramos que todo iba a estar bien, que no se rompería ni un solo vidrio, pero ante la inquietud, respondimos que un vidrio no vale más que una vida. Desde luego que nadie quiere que se rompa un vidrio, pero no se puede controlar el futuro, la única certeza que tenemos es el presente y en él generar estrategias para la acción. Después de encontrar la respuesta a sus inquietudes, se fue convencido, entendió el sentido de la marcha, de que la historia se va construyendo y se escribe desde el presente. Terminó diciendo que en plaza universidad “estaba más chido” pero entendió que ahí no cabíamos todas, porque además muchas otras iban llegando y se incorporaban a los contingentes y las faldas de la catedral fueron el marco para la llegada de muchas otras mujeres que se incorporaron a los contingentes.

Quienes encabezaron la marcha fueron las y los familiares de las desaparecidas, de los desaparecidos, de aquellas mujeres que no llegaron a sus casas porque sufrieron la violencia por ser mujeres. Después el resto de las mujeres nos fuimos incorporando, una de las chicas de la organización se sorprendió de la fuerza de la convocatoria, eran más de las que se esperaban, sobre todo porque se piensa qué en Jalisco, en Guadalajara no pasa nada, pero lo cierto es que están pasando desde hace tiempo muchas cosas, y las jóvenes son quienes toman la batuta con mucha responsabilidad. Después iba el grupo mixto, en el que participaron las mujeres con sus parejas, con sus hijos, con sus hermanos, con hombres que también han decidido caminar con las mujeres y eliminar el machismo, ellos también estuvieron presentes sin ser los protagonistas.

El “me cuidan mis amigas” cobró sentido; desde que salimos, todas estábamos pendientes de quienes estaban cerca de nosotras, si alguna se quedaba, las coordinadoras del grupo, si se puede llamar así, iba en su búsqueda, se trataba de caminar juntas, de no disgregarse, de no quedarse sola de estar acompañada y de cuidar la seguridad de todas. Se presentó un pequeño incidente que intentó frenar el paso, que la marcha no llegara a la glorieta de las y los desaparecidos. Mientras estábamos en silencio agachadas, vimos como desde el frente del comenzaron a correr, sentimos miedo, pero cuidamos a nuestras amigas y ellas a nosotras, el grupo en el que íbamos no nos perdió de vista, no dijeron que nos levantáramos que no corriéramos, que tuviéramos cuidado porque también iban niñas, niños y personas mayores. Ahí cobró más sentido el: “mis amigas me cuidan,” ellas las jóvenes, comenzaron a comunicarse, la cara de angustia se comenzó a transformar, se veía el miedo, ante el silencio se podía escuchar cómo palpitaban los corazones, en segundos todo se cubrió de fortaleza, de organización. Supimos que fue una provocación, un sujeto vestido de mujer arrojó gas pimienta a otra chica, evidentemente se trataba de detener al contingente y general miedo, inmovilizar a través del caos del pánico. Abrimos paso a la ambulancia que iba en la retaguardia de la marcha, los aplausos a su paso no se dejaron esperar, mientras tanto, permanecimos en calma, esperando el momento para continuar la marcha y seguir a la glorieta de los desaparecidos. Seguimos nuestro camino y una de las chicas comentó, ante la consigna de no tenemos miedo, si tenemos miedo, pero somos muy mujeres, la marcha continuó y el miedo no logró inmovilizar al grueso de la marcha. La advertencia del agresor se fue pasando de boca en boca, de mujer a mujer, para cuidar a las “amigas,” a quienes no “conocíamos” pero con quienes aprendimos a cuidarnos para quitarnos el miedo y seguir caminando.

 

  1. En muchos momentos la piel se ponía chinita, ante las vivencias y experiencias que se nos presentaron durante la marcha, el individualismo dio paso al humanismo y la organización, esa será otra historia que habrá que ir contando poco a poco. Protección Civil calculó 25,000 personas, otras cifras señalan 35,000. Lo de ayer fue más que cifras, fueron miles, cientos de experiencias que nos ayudan a seguir caminando, a seguir pensando que la humanidad es más que individualismo.