Por: Sergio Hernández Márquez (@sergio2hm)

25 de septiembre de 2015.- La comunidad cultural de México lamenta esta noche el fallecimiento de Hugo Gutiérrez Vega, hombre de letras, gran poeta y diplomático, quien vivió años de su infancia y juventud en Lagos de Moreno, ciudad en la que el 13 de agosto de 2014, fuera reconocido como hijo predilecto de este municipio.

En el año 2011, en Lagos también fue reconocido con el premio Mi Ciudad.

Hugo Gutiérrez Vega era el director del suplemento cultural llamado La Jornada Semanal, que edita ese diario de la Ciudad de México.

La Universidad de Guadalajara le entregó el doctorado Honoris Causa en noviembre de 2014.

Fue el 20 de febrero de 1934 cuando nació Hugo Gutiérrez Vega en Guadalajara, realizando estudios profesionales en la Facultad de Derecho de la UdeG, y luego obtuvo el Doctorado en Derecho por la Universidad Autónoma de Querétaro.

Publicó 38 libros de poesía y 13 libros en prosa, traducidos al inglés, francés, italiano, rumano, portugués, griego, húngaro, serbocroata, ruso, turco, neerlandés y árabe.

Entre los reconocimientos otorgados destacan los siguientes:
Premio Nacional de Poesía
Premio Jalisco de letras 1993
Premio Nacional de Periodismo y de Información
Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde
Premio Nacional de Poesía Xavier Villaurrutia
Premio Mi Ciudad, Lagos de Moreno, 2011
Premio Nacional de Periodismo Carlos Septién García, 2012
Premio Nacional de Ciencias y Artes en la modalidad de lingüística y literatura
Premio y Homenaje Nacional de Periodismo Cultural “Fernando Benítez” FIL 2010.

Fue condecorado con la Orden al Mérito de la República Italiana 1996
Medalla Alfonso X de la Universidad de Salamanca 1981
Comendador de la Orden Isabel la Católica, España, 1983

Fue miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 1963 hasta 1997, realizó trabajos especiales para la UNESCO en Irán y la Unión Soviética, estuvo adscrito como consejero Cultural en las embajadas de México en Italia, Gran Bretaña, España y Estados Unidos, fue Cónsul General de México en Brasil, Embajador de México en Grecia concurrente en Líbano, Chipe, Rumania y Moldava y Cónsul General de México en San Juan de Puerto Rico.

En el ámbito académico fue profesor y Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, maestro de tiempo completo de la UNAM, en donde además fue director de la Casa del Lago y de la Revista UNAM.

Aquí les compartimos el discurso ofrecido por Hugo Gutiérrez Vega la noche del 13 de agosto de 2014 en el Teatro Rosas Moreno, al recibir el nombramiento como Hijo Pródigo de Lagos de Moreno:

Lagos de Moreno fue para mí el viento nuevo de la infancia; el descubrimiento de los alimentos terrenales; el inicio de la educación sentimental en la adolescencia; una realidad embellecida por la distancia y por el paradójico deseo de que todo siguiera igual y, al mismo tiempo, el anhelo de crecer en todos sentidos.

Por estas razones, la gran distinción que el honorable Cabildo me hace hoy tiene para mí un especialísimo contenido espiritual, y me da una clara sensación de pertenencia a una hermosa ciudad, a sus campos labrantíos y a las obras, no por cotidianas menos milagrosas, como el perfecto durazno del verano, la anatomía irrepetible del membrillo, o la extensión de los campos de maíz y el verde poderoso de los chilares.

Mucho es lo que esta ciudad ha dado al mundo y a su caudal artístico: el espíritu de justicia y el avanzado pensamiento del licenciado Primo de Verdad y Ramos; la entrañable fabulística de José Rosas Moreno y su esfuerzo por recuperar la vida y la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, manifiesto en su obra teatral Décima Musa; la prosa titánica del primer novelista de la Revolución mexicana, Mariano Azuela, y su obra emblemática Los de abajo que, unida a su novela experimental La luciérnaga, escrita en los inicios de su vejez, constituyen un ciclo novelístico de valor incalculable. Francisco González León, el poeta de la vibración del color y de las iluminaciones cotidianas, complejo y novedoso, se unió a López Velarde en la tarea de iniciar la poesía moderna de México.

Ayer oí dos veces sus campanas de la tarde y vinieron a mi memoria las paradojas místicas de San Juan de la Cruz: “la música callada”, “la soledad sonora”. La caudalosa sabiduría y el honesto pensamiento político del canónigo Agustín Rivera y San Román, historiador fundamental de la etapa del virreinato, gran prosista y ejemplo de coherencia entre las ideas y la praxis. El ordenador de la historia de nuestra literatura, Carlos González Peña, también novelista y catedrático distinguido. El entusiasta promotor de la cultura local Antonio Moreno y Oviedo y sus contertulios: Bernardo Reina, el malogrado poeta José Becerra; Federico Carlos Regel y su novela pionera, La hacienda; Vicente Veloz González, memorialista que fue el último encargado de la legación de México en la Rusia zarista, y Agustín Padilla, ejemplo de bonhomía y de prosa irónica y directa.

Todos ellos viviendo y trabajando con la mente puesta en el padre Miguel Leandro Guerra, como fundador de uno de los más ilustres liceos de Jalisco que, años más tarde, a pesar de las crisis políticas y económicas, mantuvo encendida la llama de la cultura artística y académica.

Siguen los nombres de José Pérez Moreno, Moisés Vega Kegel, Alfonso de Alba, Adalberto Navarro Sánchez, y los nuevos poetas antologados por Dante Velázquez. Irma Guerra y Sergio López Mena con su labor crítica, y tantas muchachas y muchachos que en este momento escriben e inician su carrera literaria.

Quiero felicitar a los ganadores y a los participantes en estos juegos florales y hacer memoria de dos personajes geniales de los otros campos artísticos: el pintor Manuel González Serrano, el tormentoso Hechicero y Antonio Gómez Anda, músico formado en Europa que debe ser estudiado a fondo e interpretado con mayor frecuencia.

Mucho les agradezco este nombramiento. Me están haciendo un gran favor: permitirme recuperar un reino perdido: el de la infancia de todos y de todo.