DE CONTRACULTURAS SONORAS Y OTRAS LETRAS Por: Dra. Claudia Gamiño Estrada

En 1979 triunfó el Frente Popular Sandinista en Nicaragua, los años que siguieron se presentaron como necesarios para el proceso de reconstrucción, la oligarquía y la guerra habían dejado a la Nación Centroamericana sin recursos, sin mano de obra calificada para los distintos sectores productivos, pero con una moral sumamente alta, el triunfo no era solo de los sandinistas, era de Latinoamérica, una región que durante años ha sufrido y sigue sufriendo los embates de la intervención de los gobiernos imperialistas. Por ello, ante el llamado que hiciera el gobierno sandinista a la comunidad internacional para solicitar apoyo, diversos países acudieron en auxilio a la recién triunfante revolución nicaragüense. Así lo hicieron también algunas organizaciones estudiantiles como la Federación de Estudiantes de Guadalajara.

La noción de internacionalistas y lo que ello implicaba estaba en el ambiente; Latinoamérica era el tema de los estudiantes, la solidaridad internacional era asunto de todos los días, sobre todo en los sectores más politizados e informados. Bajo ese contexto Francisco Gerardo González Alonso, originario de Lagos de Moreno, decidió aceptar la invitación para acudir a Nicaragua y poner en práctica los conocimientos adquiridos en la facultad de arquitectura. Durante su estancia no solo se dedicó a realizar proyectos arquitectónicos, sino que recabó  distintos testimonios orales que dan cuenta de cómo vivían el proceso revolucionario los sandinistas, hombres y mujeres expresaron su sentir con respecto al proceso revolucionario y los problemas que enfrentaban ante los constantes embates del imperialismo estadounidense. El texto que ahora se presenta tiene como propósito mostrar algunos de los testimonios recabados por el Arq. Francisco Gerardo González Alonso, conocido en el ámbito universitario como “El Súper”, quien ha puesto en nuestras manos los testimonios que pudo recabar durante su estancia en la nación centroamericana. La intención es que sirva como preámbulo de lo que será el libro de memorias que el languense está a punto de presentar, en él se plasman algunos testimonios de otros universitarios que acudieron al proceso de reconstrucción durante los años de 1985 a 1986.

En marzo de 1985, el viaje a Nicaragua se concretó, Gerardo acudió en apoyo al proceso de reconstrucción. Las actividades como profesionista las combinó recabando información sobre lo que sucedía en el país centroamericano, por lo que la selección de los periódicos y la grabación de los noticieros radiofónicos se convirtieron en una de sus acciones cotidianas, pero además aprovechó la convivencia con los nicaragüenses para recabar sus testimonios. Es así como tuvo la oportunidad de conocer y conseguir las reflexiones de una mujer que en 1985 tenía 84 años y que además había sido testigo de la llegada del General Sandino a la ciudad de Ocotal. Para realizar la entrevista tuvo que caminar aproximadamente 15 cuadras rumbo a las afueras de la ciudad, contactar a la mujer no fue complicado, porque era abuela de un amigo cercano quien era combatiente sandinista, se trataba del joven Antonio Celaya Antúnez. Lo difícil no fue recabar el testimonio, sino intentar que no se le acabaran las pilas a la grabadora y que el casette tuviera el espacio necesario para recabar la narrativa, por lo que para sortear las dificultades tuvo que encender y apagar la grabadora durante la entrevista, desde luego que en ese inter algo de la información no quedó registrada en la cinta sonora, había mucho por documentar y poco material para resguardar la información. Habrá que recordar que la nación nicaragüense sufría el bloqueo impuesto por los Estados Unidos y conseguir rollos fotográficos, pilas o casettes era prácticamente imposible, por lo que había que racionalizar los insumos.

Las preguntas realizadas a quien llamaremos la abuela revolucionara, giraron en torno a su condición de Sandinista, cuál era su opinión con respecto al triunfo de la Revolución y su comparativa con el somocismo. Para la entrevistada era prioridad remarcar el derramamiento de sangre familiar en la revolución sandinista. Es así como comenzó la entrevista, ratificando su condición de sandinista:

“Entonces… soy sandinista, por supuesto que después por miedo al somocismo… Aquí a todo mundo trató mal el somocismo, ahora sí estamos bien, bien por una parte, porque estamos al gusto de nosotros verdad… y mal porque, están esos bandidos, esos perros, están siempre haciendo daño, los contras… ¡es que nosotros a los contras solo perros les decimos!” (Entrevista realzada por Gerardo González,1985).

La llamada “contra” surgió en 1981 para intentar derrocar al régimen sandinista, apoyados en la propaganda anticomunista que el gobierno de los Estados Unidos difundió a nivel internacional, intentaron acabar con lo que llamaron el comunismo en Centroamérica. El gobierno de Ronald Reagan se encargó de financiar las incursiones terroristas en Nicaragua y de comparar a los contrarrevolucionarios con los padres fundadores de Estados Unidos (Timothy Alexander Guzman, 2018). En 1985 se implemento por parte de la contrarrevolución el llamado plan repunte 85, se trató de una ofensiva intensa que pretendió tomar la ciudad de Estelí para derrocar al gobierno sandinista, un año después, el 16 de octubre de 1986 el Congreso de Estados Unidos aprobó más de 100 millones de dólares para la adquisición de armas. Según plantea Gabriela Selser (2016) para ese momento en Nicaragua había cinco combates por día y a finales de 1986 se podían contabilizar 37,000 víctimas entre civiles y militares, en tanto que los daños a la economía ascendían a 1.177 millones de dólares (Selser, 2016), todo ello ocasionado por la guerra encabezada por la contra y financiada por los Estados Unidos.

A pesar de los intentos por desestabilizar al gobierno revolucionario, la población se encontraba firme en sus convicciones y clara de sus objetivos, así como su condición de sandinistas, es así como ante la pregunta  sobre la edad que tenía la abuela revolucionaria, contestó y reafirmó su condición de sandinista a pesar de las incursiones de la contra y la perdida  y persecución de que había sido objeto su familia desde antes del triunfo de la revolución sandinista:

“Tengo 84, sobre ochenta y cinco, siempre somos sandinistas, aunque nos maten, ¡si yo tengo una nieta muerta!.., la hija de Rosario, se llamaba Yelba María, la fama que hace bulla en Somoto, [también] así se llama la escuela, Yelba María… esa chavala la mataron de 15 años, solo faltaban dos meses para el triunfo cuando la mataron a ella, se fue de 13 años a sumarse con los revolucionarios, con los sandinistas, ella no había cumplido los 14, era mi nieta” (Entrevista realzada por Gerardo González, 1985).

Yelba María, (Verónica) fue una de las mujeres que se incorporó desde muy joven al movimiento sandinista, en la familia se respiraba el ambiente de indignación ante las injusticias, su abuelo materno fue administrador de la propiedad de un terrateniente en Nueva Segovia, ahí su abuela, la abuela revolucionaria, les daba de comer a los trabajadores sin recibir pago alguno.( http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html) La madre de Yelba, Azucena del Rosario Antúnez Borjas, cuenta que en una ocasión vio a un hombre retorcerse por un dolor, su mamá le dio un remedio casero, pero supo que al día siguiente murió cuando caminaba rumbo a su casa, no había asistencia médica para los trabajadores. Le tocó observar la pobreza de los trabajadores y cuando llegó a vivir a Ocotal se incorporó al Frente Sandinista, su casa se convirtió en casa de seguridad para la guerrilla sandinista, http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html), por lo que sus hijos desde pequeños respiraron el ambiente revolucionario.

Rosario señala que estuvo presa en tres ocasiones y que sus hijos se quedaban solos, mientras una vecina los cuidaba, en ese momento Yelba tenía solo 11 años y su hermano 3, afirma que durante la prisión sufrió tortura psicológica por parte de la Guardia Nacional, según comenta en su testimonio, uno de sus sobrinos Carlos Manuel Antúnez, tenía una clave entre Ocotal y Estelí, información que no podía caer en manos de la Guardia (http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html), por ello estaba vigilada y había el temor de que se la llevaran presa, según afirma, el pequeño de 3 años se la pasaba en la puerta cuidando el paso de la Guardia para que no se llevaran a su mamá (http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html).

Con respecto a la incorporación de su hija a la guerrilla, señala que se fue el día del bautizo de su tercer hija, cuando Yelba se desapareció para incorporarse a la guerrilla, solo tenía 3 meses de nacida la más pequeña, se tuvo que ir porque días antes un personaje de Ocotal identificado como oreja le aventó el carro encima y casi la mata, es por ello que tomó la decisión de irse a la montaña. (http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html).  Con apenas 13 años, fue torturada en Honduras cuando se encontraban en un campamento de entrenamiento y fue capturada junto con otros sandinistas, después los liberaron por un acuerdo de amnistía y se incorporó al Frente Sur revolucionario, murió en combate en Nueva Guinea en mayo de 1979, acababa de cumplir 15 años y su festejo lo realizó en una casa de seguridad (http://www.tortillaconsal.com/rosario_antunez.html). Mónica Baltodano señala que formaba parte de la columna Jacinto Hernández, que fue aniquilada casi en su totalidad en lo que se conoció como la masacre de Nueva Guinea (http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1585).

La familia Antúnez tuvo un papel importante en la zona de las Segovias en el proceso revolucionario, sobre todo en Ocotal, región a la que llegó Gerardo González, un laguense en tierras nicaragüenses, la familia que recibió a los internacionalistas de la Federación de Estudiantes de Guadalajara tenía una larga tradición de lucha y resistencia.

Marta Concepción Antúnez Borjas, condecorada por el gobierno sandinista en 1985. Foto Gerardo González Alonso.

En la entrevista realizada por Gerardo a la abuela de Yelba María, la abuela revolucionaria, le preguntó sobre otro de sus nietos que era amigo del entrevistador, afirmó que en ese momento tenía a otro nieto herido, que se trataba de Antonio Celaya. La narrativa continuó y comentó que ella aunque quería a no podía tomar las armas, el enemigo ahora era la contrarrevolución y el gobierno intervencionista de Estados Unidos:

“Yo ahora, ya no puedo,  vea, el espíritu siempre está en rigor, siempre, yo siempre amo mi opinión, siempre  soy sandinista hasta morirme, aunque para mí, pues no hay nada, pero mi opinión ha sido desde 1927, desde cuando él entró aquí, aquí a Ocotal, ahí ve, al devisadero, yo ahí vivía ahí en la esquina” (Entrevista realzada por Gerardo González, 1985).

En la memoria estaba la llegada de Sandino a Ocotal, la lucha y resistencia contra los estadounidenses en julio de 1927. No se podía pedir, ni siquiera pensar en claudicar cuando se era testigo de las injusticias y los intentos de colonización y despojo por parte del imperialismo yanqui, menos ahora que la Revolución Sandinista había triunfado, era cosa de resistir un poco más para hacer realidad los anhelos del pasado y del presente, lograr un país más justo y equitativo.

Así continuó el relato de la abuela revolucionaria quien hizo énfasis en sus muertos, en quienes derramaron la sangre para que su Nicaragua, Nicaragüita se mantuviera de pie:

“Por ejemplo esa chavala  que yo la crié, que nació en mi poder, con su mama ahí, yo, no voy a dejar de ser sandinista jamás, ¿armas? ya yo no puedo porque ya son 84 años, muy enferma ya estoy, más bien que me ayudan, yo ya no trabajo nada. Enemigos desde luego son enemigos, los contras, [pero a] esos no los quiero yo, ni quiera yo, esos malditos que se vallan lejos… (Entrevista realzada por Gerardo González, 1985).

De los documentos sonoros de Gerardo González, aún hay mucho por contar, la entrevista realizada al joven combatiente Antonio Celaya Antúnez, nieto de la abuela revolucionaria, también hay otro casette que resguarda los testimonios de 17 combatientes a quienes en 1986 visitaron y de los que recabó sus testimonios y reflexiones con respecto a los 100 millones de dólares que el gobierno de Ronald Reagan consiguió para la contra, esa Historia la iremos contando como preámbulo a la entrega del libro de las memorias de un Laguense en Nicaragua, un Internacionalista de la Federación de Estudiantes de Guadalajara que acudió ante el llamado del gobierno Sandinista en los años de 1985.

Fotografía de combatientes en Ocotal, Fotografía Gerardo González Alonso, abril de 1985.