Por: Mtro. Eric Orlando Cach Avendaño

 

Una de las festividades más importantes de nuestro moderno calendario cívico-religioso es el primer par de días del mes de noviembre, los cuales identificamos de forma general como el Día de Muertos.

 

Ésta es una festividad que conmemora a nuestros familiares fallecidos y debido a su espectacularidad se ha colocado como una de las celebraciones populares más importantes de nuestro país e incluso se ha colado a los medios masivos nacionales e internacionales como uno de los referentes identitarios de lo mexicano.

 

De origen mesoamericano, las celebraciones más importantes se dan hoy en día en las regiones con poblaciones originarias. Así, el Xantolo en la Huasteca, o los rituales entre los nahuas y totonacas de Veracruz y Puebla, las fiestas purhepechas de Pátzcuaro en Michoacán o las celebraciones de San Andrés Mixquic en la Ciudad de México son las conmemoraciones de Día de Muertos más gustadas por el público visitante.

 

Dice la leyenda popular que sólo en México se da este giro festivo a la muerte, pero es bueno recordar que en realidad el Día de Muertos se trata de recordar a los que ya murieron, pretendiendo que es posible darles ese día la comida y bebida que más les gustaban. Es decir, no celebramos la muerte en sí, más bien recordamos a nuestros ancestros, y este rasgo es propio de todas las sociedades humanas.

 

De hecho, todas las sociedades recuerdan a sus antepasados y recordarlos es parte de un ritual funerario que incluso es considerado un rasgo mismo de la humanidad. Esta característica, el culto a los antepasados y el tratamiento ritual de los muertos; es un marcador de nuestro paso de arcaicos seres primitivos a homínidos en franco camino de convertirse en humanos.

 

El mes pasado se desató una polémica entre los paleoantropólogos justo por esta causa, pues a una especie nueva, recién descubierta, los Homo Naledi se les atribuye la costumbre de sepultar a sus muertos, lo cual, de ser cierto remontaría varios millones de años atrás el pensamiento simbólico que es la esencia misma de nuestra humanidad.

 

De vuelta en México, es difícil encontrar el origen mismo de esta festividad. Lo que sí parece posible entrever es que el culto a los antepasados que incluía banquetes fúnebres y colocar periódicamente ofrendas en las tumbas fue una costumbre extendida en todo el Occidente de México. Por ello, no es raro que la fiesta de Día de Muertos más impresionante sea la de Pátzcuaro, en Michoacán.

 

Entre las espectaculares esculturas cerámicas provenientes de las tumbas de tiro podemos encontrar dolientes, banquetes y procesiones funerarias. En lo personal pude observar un patrón repetitivo de ofrendas de alimentos en tumbas protoclásicas en el sitio de los Guachimontones. Tumbas que además estaban “marcadas” con lápidas de lajas de piedra, para facilitar su localización.

 

Como sea, las fiestas de conmemoración a los muertos eran con toda seguridad uno de los rituales más importantes del mundo prehispánico y seguramente se realizaban en diversas fechas y con diferentes rituales a todo lo largo de Mesoamérica hasta el contacto con los invasores europeos.  Luego de que la horda española consolidó su poder en lo que sería conocido posteriormente como Nueva España, el nuevo poder colonial, procedió a eliminar todo aquello que le era extraño, lo cual fue de seguro casi todo lo que constituía las antiguas creencias prehispánicas.

 

Pocas cosas sobrevivieron a este holocausto, pero uno de ellos fue el Día de Muertos, ajustado a las creencias europeas las diversas fechas de rituales conmemorativos fueron ubicadas en las fechas de ‘todos los santos’ para sacralizarlas en el calendario cristiano.

Ya en la época moderna, en el período posrevoucionario; artistas de la talla de Diego Rivera encontraron en el Día de Muertos un símbolo de la nueva identidad mexicana y su difusión y preservación pasó a ser una tarea nacionalista.

 

También a Diego Rivera debemos el descubrimiento de un desconocido grabador de Aguascalientes, José Guadalupe Posada, cuya imagen de “La Catrina” ha pasado a ser parte misma de este día. No sabemos si el “Día de Muertos” como lo conocemos hoy en día pueda remontarse hasta el profundo pasado prehispánico, pero a los mexicanos nos gusta creer que sí, como parte de una identificación con la raíz originaria que sobrevivió a la agresión europea.